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domingo, 20 de abril de 2008

Creando un maestro

“FABRICANDO UN MAESTRO”

Es lindo saber que el maestro tiene un pedacito de Dios.


En el taller más extraño y sublime conocido, se reunieron los grandes arquitectos, los afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales que debían fabricar al maestro perfecto:

- “Debe ser inteligente”, comentó uno.

- “También debe ser dulce”, comentó otro experto.

- “Debe tener firmeza y mansedumbre: tiene que saber dar buenos consejos”.

- “Debe ser justo en momentos decisivos; alegre y comprensivo en los momentos tiernos”.

- “¿Cómo es posible poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo?- interrogó un obrero.

- “Es fácil”, contestó el ingeniero.

- “Sólo tenemos que crear un hombre con la fuerza del hierro y que tenga corazón de caramelo”.

Todos rieron ante la ocurrencia y se escuchó una voz (era el Maestro, dueño del taller del cielo): -“Veo que al fin comienzan. No es fácil la tarea, es cierto, pero no es imposible si ponen interés y amor en ello”- comentó sonriendo.

Y tomando en sus manos un puñado de tierra, comenzó a darle forma.

- “¿Tierra? ¡Pensé que lo fabricaríamos de mármol, o marfil o piedras preciosas!- preguntó sorprendido uno de los arquitectos.

- “ Este material es necesario para que sea humilde- le contestó el Maestro.

Y extendiendo su mano sacó oro de las estrellas y lo añadió a la masa.- “Esto es para que en los momentos más difíciles de su ardua tarea brille y sea perseverante”.

Agregó a todo aquello, amor, sabiduría. Le dio forma, le sopló de su aliento y cobró vida, pero...faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un hueco.

- “ ¿Y qué pondrás ahí?- preguntó uno de los obreros.

Y abriendo su propio pecho, y ante los ojos asombrados de aquellos arquitectos, sacó su corazón, y le arrancó un pedazo, y lo puso en el centro de aquél hueco.

-“¿ Por qué has hecho tal cosa?” -le interrogó un ángel obrero.

El Maestro le contestó: - “Esto hará que eduque a los alumnos porque los ama y los quiere redimir, que me busque en momentos difíciles y de angustia, que sea justo y recto, que perdone y corrija con paciencia, y sobre todo, que esté dispuesto aún al sacrificio por los suyos y que dirija a sus alumnos con su ejemplo, por que al final de su largo trabajo, cuando haya terminado su tarea de maestro allá en la tierra regresará hasta mí. Y satisfecho por su buena labor, yo le daré un lugar aquí en mi reino en la Escuela de la Eternidad”.

Anónimo

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